En tiempos de inteligencia artificial, las respuestas están cada vez más disponibles. Un estudiante puede pedir una explicación, un resumen o un ejemplo en segundos. Un docente puede generar actividades, preguntas o materiales con mucha más rapidez que antes.
Pero en educación, la velocidad no lo es todo.
Si la IA nos permite acceder a respuestas con facilidad, entonces una de las habilidades más importantes será aprender a hacer mejores preguntas.
Preguntar bien no es solo una técnica. Es una forma de pensar. Una buena pregunta puede abrir una conversación, revelar una confusión, conectar ideas y desafiar a los estudiantes a mirar un contenido desde otra perspectiva.
Por eso, en tiempos de IA, el pensamiento crítico no empieza necesariamente con la respuesta. Muchas veces empieza con la pregunta.
La pregunta como herramienta de aprendizaje
En la sala de clases, las preguntas cumplen muchas funciones. Sirven para activar conocimientos previos, comprobar comprensión, promover discusión, evaluar aprendizajes y estimular la curiosidad.
Pero no todas las preguntas generan el mismo tipo de pensamiento.
Una pregunta como “¿Qué es la fotosíntesis?” puede ayudar a revisar un concepto. En cambio, una pregunta como “¿Qué pasaría con una planta si durante una semana no recibiera luz solar? Explica tu respuesta usando el concepto de fotosíntesis” invita a aplicar, relacionar y justificar.
La diferencia está en la profundidad del razonamiento que se espera.
Las preguntas más poderosas suelen pedir a los estudiantes que expliquen, comparen, argumenten, analicen evidencia, propongan soluciones o imaginen consecuencias.
Estas preguntas no buscan solo comprobar si alguien recuerda algo. Buscan que el estudiante use lo que sabe para pensar mejor.
¿Qué cambia con la inteligencia artificial?
La IA generativa puede ser una gran aliada para docentes y estudiantes. Puede ayudar a crear ejemplos, reformular explicaciones, generar preguntas, adaptar materiales y proponer actividades.
Pero también trae un desafío: si los estudiantes solo copian respuestas generadas por IA, el aprendizaje se empobrece.
Por eso, el foco no debería estar únicamente en prohibir o permitir herramientas. El foco debería estar en enseñar a usarlas con criterio.
Una forma concreta de hacerlo es trabajar con preguntas como:
- ¿Qué parte de esta respuesta parece bien fundamentada?
- ¿Qué información falta?
- ¿Qué evidencia necesitaríamos para comprobarlo?
- ¿Qué otra explicación podría existir?
- ¿Cómo mejorarías esta respuesta?
- ¿Qué sesgos o errores podría tener esta información?
- ¿Cómo lo explicarías con tus propias palabras?
Estas preguntas convierten la IA en un punto de partida, no en el final del aprendizaje.
Pensamiento crítico no es desconfiar de todo
A veces se entiende el pensamiento crítico como una actitud de sospecha permanente. Pero en educación, pensar críticamente no significa rechazar todo. Significa analizar con cuidado.
Implica preguntarse por la calidad de la información, la solidez de los argumentos, las fuentes utilizadas, los supuestos presentes y las consecuencias de una idea.
En un mundo con abundancia de información, esta habilidad es cada vez más importante. No basta con encontrar datos. Hay que saber interpretarlos.
La IA puede ayudar, pero también puede equivocarse. Puede entregar respuestas convincentes que no siempre son correctas. Por eso los estudiantes necesitan aprender a contrastar, revisar y justificar.
Ahí el rol docente es fundamental.
El docente como diseñador de buenas preguntas
La tecnología puede sugerir muchas preguntas en poco tiempo, pero el criterio pedagógico sigue siendo humano.
El docente conoce el nivel del curso, los objetivos de aprendizaje, las dificultades frecuentes, el contexto de sus estudiantes y el propósito de cada actividad.
Una buena herramienta de IA puede ayudar a generar preguntas alineadas a curso, asignatura, unidad, eje, objetivo de aprendizaje y dificultad. Pero es el docente quien decide cuáles usar, cómo adaptarlas y qué conversación quiere abrir con ellas.
Por ejemplo, para una misma unidad, se pueden diseñar preguntas en distintos niveles:
- Preguntas para recordar conceptos clave.
- Preguntas para comprender procesos.
- Preguntas para aplicar contenidos a casos concretos.
- Preguntas para analizar causas y consecuencias.
- Preguntas para evaluar posturas.
- Preguntas para crear propuestas o soluciones.
Esto permite avanzar desde una evaluación centrada en respuestas simples hacia experiencias de aprendizaje más profundas.
Cómo llevarlo a la práctica
Una estrategia sencilla es revisar las preguntas que ya usamos en clases y preguntarnos qué tipo de pensamiento activan.
Si la mayoría empieza con “nombra”, “define”, “identifica” o “enumera”, probablemente estamos evaluando principalmente memoria y comprensión básica.
Para promover pensamiento crítico, podemos incorporar verbos como:
- explica
- compara
- justifica
- analiza
- argumenta
- evalúa
- propone
- predice
- relaciona
- diseña
También podemos pedir evidencia: “justifica tu respuesta”, “usa un ejemplo”, “explica tu razonamiento”, “compara dos alternativas”.
No se trata de hacer todas las preguntas difíciles. Se trata de construir una progresión: partir desde lo esencial y avanzar hacia el uso más profundo del conocimiento.
Una oportunidad para personalizar el aprendizaje
En aulas numerosas, crear preguntas diferenciadas puede tomar mucho tiempo. Aquí la IA puede aportar valor real.
Puede ayudar a generar versiones de una pregunta para distintos niveles de dificultad, crear ejemplos contextualizados, sugerir preguntas de profundización o transformar una pregunta cerrada en una pregunta abierta.
Esto permite que el docente tenga más opciones para acompañar a estudiantes con ritmos y necesidades distintas.
Una plataforma como 123Preguntame busca precisamente eso: facilitar la creación de preguntas y recursos educativos para que el docente pueda dedicar más tiempo a lo que más importa: enseñar, acompañar y tomar decisiones pedagógicas.
Conclusión
La inteligencia artificial puede entregar respuestas rápidas. Pero la educación necesita algo más profundo: estudiantes capaces de pensar, cuestionar, justificar y crear.
Por eso, en tiempos de IA, preguntar mejor es una habilidad clave.
Una buena pregunta puede convertir una respuesta automática en una conversación significativa. Puede transformar una actividad simple en una oportunidad para pensar. Puede ayudar a que los estudiantes no solo aprendan contenidos, sino que aprendan a usar esos contenidos con criterio.
Porque aprender no es solo encontrar respuestas.
También es aprender a hacer mejores preguntas.
Enlaces de referencia
UNESCO: Guidance for generative AI in education and research
https://www.unesco.org/en/articles/guidance-generative-ai-education-and-researchUNESCO IBE: Critical Thinking and Generative Artificial Intelligence
https://www.ibe.unesco.org/en/articles/critical-thinking-and-generative-artificial-intelligenceMineduc: Guía para docentes, cómo usar ChatGPT para potenciar el aprendizaje activo
https://bibliotecadigital.mineduc.cl/handle/20.500.12365/19453OECD: What should teachers teach and students learn in a future of powerful AI?
https://www.oecd.org/en/publications/what-should-teachers-teach-and-students-learn-in-a-future-of-powerful-ai_ca56c7d6-en.html